Generalmente se espera encontrar en un artículo  información que se pueda aplicar en la vida diaria, este no es la excepción, la idea de educar y cómo educar ha sido preocupación permanente desde nuestros antepasados; las familias y las autoridades daban otro seguimiento a la educación, las actividades y diversos oficios que se hacían, generalmente eran supervisados por la madre, un tutor o un acompañante designado especialmente para supervisar las tareas.

Actualmente  en esta época moderna y de tecnología parece ser casi imposible ejercer esa educación directa, constante,  y evaluativa, no queda tiempo más que para reorganizar las ideas, comer comida rápida y tomar el autobús para ir al trabajo.

Los padres de familia se preguntan constantemente ¿por qué sus hijos no quieren estudiar?, ¿por qué no hacen las tareas?, ¿por qué no cumplen con sus obligaciones?, y cuestionando  a los hijos, éstos argumentan no tener padres que los supervisen, que los ayuden a corregir errores, superar obstáculos, resolver los problemas y mantener el interés en llevar una comida sana y adecuada. Todo esto implica una desorganización de la tarea de los padres;  no se respetan ya las jerarquías en la familia así como las reglas, ya que son los hijos en la mayoría de las veces quienes las imponen y son solo algunos padres quienes las llevan a cabo, por ejemplo: respetar la hora de llegada, el manejar el auto, salir los fines de semana y llevar a la novia a la casa. Si realmente se quiere que esta situación cambie debemos de dejar de pensar en el “tener” y cambiarlo por el “ser” que implica, aprender a vivir, valorar lo que se tiene y enseñar realmente a nuestros hijos a ser competentes para la vida, para el trabajo diario, para la escuela, en  sus obligaciones y tareas, en la  toma de decisiones y experiencias. Formarlos, requiere tiempo, amor y respeto, tanto por lo que son y por lo que llegarán a ser y por el hecho de ser parte nuestra. Después de todo somos sus creadores, los concebimos, los formamos y por el contrario echarlos a perder también requiere tiempo.

El cómo lograrlo es un largo proceso desde su adaptación a la familia, a la escuela y a su entorno. Esta modelación en el niño en ese largo camino, en el que aprendimos a ser padres a base de ensayo y error, es lo que por experiencia  hicimos con el primer hijo y que para el segundo, perfeccionamos, medimos y valoramos. Hoy vivimos en una  época de cambios en donde la autoridad no puede estar a cargo de los amigos y los horarios no deben fijarse con un mensaje en el celular. Entonces ¿cómo desarrollar su competencia para la vida de los hijos?, será interesante plantear  una posibilidad en  posteriores artículos en donde se escriba sobre  fracasos, errores y ensayos  con el  pleno convencimiento de que si los amamos lograremos formar buenos seres humanos, enseñándoles a ser personas responsables de sus tareas y de sus actos,  a ser  pensantes y racionales. Por supuesto, también tenemos padres que otorgan su  atención, supervisión y su tiempo, por lo que se pone a consideración su valiosa experiencia como padres.

DRA. CORAL MARIN VÁZQUEZ

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