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En muchas familias la convivencia con los abuelos es frecuente, ya sea porque viven cerca, por gusto o por la necesidad de que ellos mismos cuiden a los nietos. Cuando la relación entre éstos y el niño es constante, la influencia va más allá del afecto porque entran en juego otros factores como la disciplina y el manejo de la autoridad. Resulta muy común que sean cariñosos y consentidores con sus nietos y, al mismo tiempo, sean exigentes, intransigentes y críticos con nuestro desempeño como padres. Por ejemplo, tu hijo de dos años comienza un berrinche fenomenal y mientras lo llevas a su habitación para que se calme, tu mamá o tu suegra van por él y lo cargan, sin olvidar expresarle cosas como “pobrecito de mi bebé, qué mala es mamá, no le hagas caso”.

No es difícil escucharles decir frases como:

 "Ahora sí voy a disfrutar a mis nietos, porque cuando mis hijos eran pequeños no tenía tiempo para estar con ellos."

  "Los abuelos estamos para consentir, no para educar."

  "Yo ya eduqué a mis hijos, no tengo porque educar a mis nietos."

  "No me vas a decir cómo educar a mis nietos, si yo te saqué adelante a ti y a tus hermanos."

  "Más sabe el diablo por viejo que por diablo."

  "En mis tiempos las cosas se hacían de tal o cual manera."

  "Eres muy dura con el niño." 

  "No le tienes paciencia."

  "Claro, como trabajas, no atiendes al niño y no lo conoces tanto como yo."

De pronto, la relación con tus padres se convierte en un campo de batalla causado por el conflicto de autoridades o porque tu rol como educador parece no importarles. El problema puede ir en dos sentidos: que los abuelos sean más consentidores que nosotros o que sean más exigentes. A veces resulta complicado saber quién tiene la razón, ¿seremos nosotros quienes lo estamos “echando a perder”?

El resultado

1. Confusión, ansiedad e incertidumbre en el niño por el doble mensaje que recibe y por el ambiente de enfrentamientos

2. Hay poco o nulo respeto del niño hacia sus padres al percibir que la verdadera figura de autoridad es el abuelo o la abuela. Tan simple como esto: "Papá me regaña, pero su papá lo regaña también. El pez grande se come al pequeño."

Si estás pasando por algo similar es necesario que hables con ellos y que juntos lleguen a acuerdos concretos para la educación y formación de tus hijos.

Comprendiendo el problema generalmente educamos a nuestros hijos a través de estos tres elementos:

1. De acuerdo a la forma en la que fuimos educados. Podemos seguir la misma línea o ir en contra, eliminando lo que no nos gustó o tuvo consecuencias negativas

2. A través del ensayo y error. Probando estrategias y manteniendo aquellas que creemos que funcionan. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que el patrón de educación que nos sirve, no siempre es el más adecuado a largo plazo.

3. Con conocimiento y conciencia. Entendiendo que cada una de nuestras acciones repercute en los niños. Es necesario estar convencidos de que la manera en que lo estamos educando es la correcta, tomando en cuenta el desarrollo de su autoconcepto y el fortalecimiento de su autoestima.

Si tú no estás informada, no educas precisamente en la conciencia o no estás convencida de cuál es la forma de hacerlo, será necesario que busques información y apoyo para lograrlo. Por el contrario, si tu convicción de hacer las cosas de tal o cual manera es clara y firme,          tendrás que buscar la forma de hacerlas valer, a pesar de los abuelos.

La mejor solución

Estas son cuatro vías para lograr que los abuelos desempeñen el rol  que les corresponde y no interfieran en la educación de tu hijo:

De la manera más atenta y cordial, invítalos a negociar, platicar y llegar a acuerdos sobre la educación de tu hijo.

Háblales sobre lo que está ocurriendo y sobre la importancia de que sigan la misma línea de educación. Intercambien opiniones y definan lo 

que para todos (pero principalmente para el niño) es lo mejor.

Solicítales que “si no te ayudan, no te estorben”. Busca un planteamiento para lograr que tus padres o suegros no intervengan cuando tú lo hagas, es decir, que no contradigan lo que dices en presencia del niño. Si tienen algo que decirte, pídeles que lo hagan en privado, pero déjales muy claro que para ti son 

muy importantes sus comentarios.

Si hay poca cooperación de su parte, entonces deberás trabajar con lo que tienes y crees, y empezar a restarle importancia a lo que ellos hacen o dejan de hacer. Es un momento en el cual, aunque ellos no te apoyen, tendrás que seguir trabajando sobre la misma línea que tienes trazada y definida.

Si nada parece funcionar y notas que su influencia es perjudicial en términos de límites, reglas y formación del carácter entonces, probablemente, tendrás que restringir las visitas hasta que el niño haya adquirido los comportamientos deseados Recuerda: lo fundamental es intentar, por todos los medios, llegar a acuerdos que favorezcan el desarrollo adecuado de tu hijo al entorno, independientemente de las necesidades y los caprichos de los adultos.

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